José Saborit

 

LA ESCALERA DE JACOB

12 Viditque in somnis scalam stantem super terram et cacumen illius tangens caelum angelos quoque Dei ascendentes et descendentes per eam. Génesis 28, 12

 

El conocido relato bíblico nos cuenta que Jacob, uno de los patriarcas de Israel, huye por el monte tras enfrentarse a su hermano Esaú. Cuando le sorprende la noche se detiene, toma una piedra como almohada, se duerme y sueña con una escalera apoyada en la tierra cuya cima toca los cielos. Los ángeles suben y bajan por ella.

El pasaje ha dado lugar a incontables manifestaciones culturales y numerosísimas pinturas, como las de la catacumba de la Vía Latina, Rafael de Sanzio, Rembrandt, Ribera, Michael Wilmann, William Blake, Marc Chagall y otras muchas. Asimismo se han sucedido las interpretaciones del sueño de Jacob. Los ángeles que suben y bajan son una conexión entre arriba y abajo, entre las fuerzas superiores e inferiores; son evolución de la vida biológica a la vida espiritual; puente que une cielo y tierra; elevación y descenso…

Si nos quedamos con la conexión entre arriba y abajo, descubrimos que son muchas las formas pictóricas (icónicas o plásticas) capaces de visualizar esa unión sugiriendo a la mirada un recorrido de ascenso y descenso: árboles, lluvia, montañas y nubes escalonadas, columnas de humo, haces de luz, formas verticales, rampas, diagonales, zigzagueos y repeticiones sucesivas de horizontales.

Abajo está la tierra, donde cae nuestro peso y se apoya nuestro paso. Abajo nuestro origen, nuestro humus (lo animal, las facultades inferiores, el instinto irracional) y también el destino imaginado a donde iremos a parar. Fango del comienzo, raíz, morada y pertenencia; también regreso, caída y destino.

Al elevar la mirada escrutamos al cielo en busca de algo más, pues ya no basta el paso firme y la tierra en que se afirma el paso. Deseo de ascensión que yergue a nuestro antepasado el homo erectus y eleva su cabeza, su inteligencia y su espíritu, hacia los reinos aéreos de la totalidad y el cosmos, en el deseo de entender (con el desarrollo de sus “facultades superiores”) dónde está, de qué colosal magnitud forma parte. Más que en ningún otro lugar, el mundo del espíritu se sitúa simbólicamente en el cielo, en las nubes. Arriba el crecimiento, la ligereza, el aire, el vuelo, la luz y su origen: el Sol.

No se trata de vencer la oposición entre arriba y abajo, sino de moverse de un sitio a otro, subiendo y bajando. Sin su toma de tierra, el pensar puede perder pie, elevarse y disolverse en gaseosas abstracciones. E inversamente, tampoco parece que pueda ir muy lejos el pensar que discurre a ras de tierra, rastreramente, incapaz de alzarse un palmo del suelo para ganar perspectiva. Se trata de asumir el movimiento, tal vez incómodo o esforzado, de ascenso y descenso, sin consentir que se asiente la mirada y el pensamiento. No se trata de mirar (de pensar) siempre en voz alta o en voz baja, sino de modular la voz del pensamiento.

Árboles, lluvia, montañas y nubes escalonadas, columnas de humo, haces de luz, formas verticales, rampas, diagonales, zigzagueos y repeticiones sucesivas de horizontales… nos invitan a elevar la cabeza (por encima de nosotros mismos) para buscar lo lejano y a reclinarla (por debajo) para buscar lo cercano. Nos invitan a subir y a bajar, a alzarnos y a descender, para afirmar nuestra vertical y buscar nuestras inclinaciones. Poco importa si nunca llegamos a ningún sitio, mientras el movimiento –y su incremento perceptivo– nos mantiene activos en el deseo. Que es la vida. Mirad sino al monje de Friedrich o al perro de Goya.

José Saborit, Náquera 2018

 

La misma savia. Versos, óleos, acuarelas.
José Saborit

Los cuadros de esta exposición nacen muy cerca del libro La misma savia. El título compartido sugiere un diálogo entre versos y pinturas.

Los poemas hablan por sí mismos.

Las pinturas recuperan cierto impulso inicial que mueve al pintar: pintar lo que conmueve, lo que se ama, lo que nos sobrepasa (la experiencia del ver), para interrogar al misterio de lo vivo con la pintura. Persiste ahí el intenso aroma tradicional de la pintura al óleo: empastes, trementina, veladuras, largas sesiones, superposición de estratos y tiempo acumulado sobre el lienzo. Y el deseo de compartir ese sabor reposado, de cocción lenta, con algunas miradas que lo aprecien.

Sigue muy presente el paisaje, pero no como descripción de lo externo, sino como reconocimiento de lo interno en lo externo, intento de dar doble vida a esa emoción que tiñe por igual la experiencia de la contemplación y el cuadro que la rememora, esa atmósfera anímica, esa tonalidad afectiva a la que se refería Simmel con la palabra Stimmung.

Crece la presencia vegetal. La resistencia vegetal. El heroísmo vegetal (del que hablaba Octavio Paz en su Mono gramático). Por el hábitat verde -nuestra primera casa-, y por nuestro interior, puede correr la misma savia. Se respira un sentimiento unitivo con todo lo que vive, y en especial con lo que no se ha retorcido y complicado en exceso por los alambiques de la cultura.

Entretanto, sigue repitiendo el mar su cantinela, pues pocas presencias hay tan persistentes como la del mar. Por eso, siempre recomenzando, persisten algunos mares pintados que tratan de mostrar lo que permanece en lo que cambia y lo que cambia en lo que permanece. Nada como el mar, mítico espejo, insiste tanto en repetir esa paradoja que es la nuestra, la de nuestra identidad y nuestro cuerpo.

El diálogo entre pinturas y poemas no desea ser explícito ni ilustrativo. Se trata de sugerir parentescos entre lo que se dice mediante la combinatoria de palabras y lo que se muestra mediante la combinatoria de formas, texturas y colores. Ese diálogo puede ser una fuente de relaciones que intensifiquen percepción y, por tanto, conciencia de lo visible, conocimiento y actitud. Revitalizar nuestra conexión visual con el mundo viviente es un primer paso para salir de la oscuridad. Texto por José Saborit.

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Galería de arte en valencia Shiras Galería
José Saborit, artista valenciano

Las palabras regresan. Rompen
contra el límite azul de mi gramática,
porque aquí no hay ayer
ni mañana ni ahora,
sólo este sucederse inmemorial
del espejo del mar ante mis ojos.

jose saborit arte plástico en Valencia
José Saborit - Shiras Galería

“Todo lo que regresa al mismo espacio
–sea caricia, paso o resonancia–
confunde en uno sólo
momentos sucesivos.”

José Saborit, artista

Intentas aprenderte la lección
mientras la luz,
antes de que anochezca.

José Saborit artista valencia
Jose Saborit artista valencia

El destino del blanco es amarillo:
no amarillo solar,
sino amarillo tiempo.

José Saborit, artista
José Saborit arte Valencia

Detente bajo el árbol, no germines
en la tierna extensión de tu impaciencia,
yace dentro de ti, ciega en tu sombra.

Artista Valenciano Jose Saborit
José Saborit, artista valenciano
La misma savia, José Saborit

En la veta más honda se vislumbra
la encendida sorpresa
de los ojos abiertos a lo nuevo,
el camino primero de la luz,
la sola salvación del laberinto.

José Saborit arte Valencia
José Saborit artista
José Saborit, Galeria de arte Shiras
Galería de arte en valencia

La rectitud no existe, el mar se riza
y vuelve sobre sí cualquier camino.

Galería de arte en valencia Shiras Galeria

Es hora de partir y derramarse,
penetrar las arenas
permeables del mundo,
rebrotar embebidos
de nuevo al manantial
en el líquido amor de cuanto fluye.

José Saborit, arte en valencia
Mar olvidado, José Saborit
Shiras Galeria y José Saborit
jose saborit arte plástico en Valencia

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Catedrático de Pintura en la UPV y Académico de número de la Real Academia de San Carlos de Valencia. Desde la lejana exposición titulada Lejos de aquí (en compañía de Rosa Martínez-Artero, Círculo de Bellas Artes de Valencia, 1987), ha realizado un centenar de exposiciones de grupo y colectivas. También unas veinte muestras individuales (Comte, Punto, Babel, Cromo, La Ribera, Leonarte…)  Entre las últimas:  Con el aire (Centro del Carmen, Valencia, 2008) y Más al Sur (IVAM, 2012). Su obra figura en diversas colecciones de España y otros países. Ha publicado cientos de artículos, textos para catálogos y una decena de libros, entre los que destacan el ensayo Retórica de la Pintura  (en colaboración con Alberto Carrere, Cátedra, 2000), y los libros de poemas Flor de Sal (Pre-textos, 2008), La eternidad y un día  (Pre-Textos, 2012) y La misma savia (Pre-Textos, 2016). José Saborit.

Catálogo V.Digital “La misma Savia” José Saborit

2015

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José Saborit

Valencia 1960

Moviéndose en los límites que unen y separan al paisaje y la abstracción, la pintura de José Saborit surge de una mirada al mundo intemporal, contemplativa y despojada de anécdotas y teorías, un mirar emocionado que desea perdurar o hallar doble vida mediante una cuidadosa combinatoria técnica de la materia sobre el lienzo.
Pinta, escribe, y trabaja como catedrático de pintura en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de la UPV. Recientemente ha sido nombrado Académico Electo de la Real Academia de San Carlos.
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