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Las superficies del tiempo 

Esta muestra supone, para Carlos Sebastiá, la consolidación de una determinada manera de pensar y realizar su pintura. La solidez formal de sus trabajos viene acompañada de una sugerente investigación conceptual. Su hipótesis es que un mismo objeto significa cosas diferentes en distintos ámbitos discursivos; también, que la globalización tecnológica ha transformado radicalmente nuestra manera de documentar y recordar la realidad. Sebastiá no pretende desarrollar una enésima contraposición entre memoria y olvido, o averiguar si recordamos poco o demasiado. Esta exposición busca y consigue demostrar que los modos de recordar son, hoy más que nunca, múltiples y no siempre caminan en una misma dirección.

Si “lo temporal” es el eje de su actual investigación estética, la mirada de Sebastiá se ajusta a una problemática específica, como es la digitalización de la memoria humana: una constante experiencia mediática que nos impele a ver imágenes y también a crear otras tantas. Tal vez el verdadero recuerdo es precisamente eso que tapamos con la pantalla del móvil, mientras que la imagen es lo que siempre nos acompaña. A partir de esta paradoja, el artista aborda el papel que juegan los sistemas digitales de la información, y su comparación relacional con los antiguos modelos analógicos. Para ello, toma como punto de partida un banco de imágenes autobiográfico, que utiliza como excusa para indagar en la memoria y el olvido.  Pero también aborda un sentido específico de la experiencia, ese lugar donde verse conmocionado y arrebatado: “En su esencia, la experiencia -dirá Heiddeger- es el dolor en el que la esencial alteridad de lo existente se devela frente a lo habitual”. Una herida que nos hace vulnerables, y cuya punción se va perdiendo, poco a poco, a través del filtro de la memoria.

Conocedor de la historia de la pintura y de sus recursos, Sebastiá lleva ahora un paso más allá su búsqueda un principio pictórico expandido, donde pone en diálogo técnicas diversas (dibujo, acrílico, imagen impresa y objetos), y entrelaza tanto soportes como conceptos (abstracción y figuración, representación y plasticidad, o proceso y visualidad). También revisa con lucidez la estética del collage, el instrumento destructivo y constructivo más poderoso inventado en el arte del siglo XX. En algunas de sus mejores composiciones, Sebastiá integra la herencia de las vanguardias geométricas (paradigma de lo antinarrativo), y busca lo vulnerable y evocador que existe aún dentro la estructura normativa. En otros cuadros, da paso a una vertiente más lírica, con un fluir de apariencia atmosférica. Estos heterogéneos “posos culturales” son herramientas con las que recupera los valores puramente plásticos de la imagen pictórica, a la que va a poner en diálogo con lo pulido, lo liso y lo impecable de la estética digital.

El método de la pintura, basado en trasparencias y planos, es muy similar al que utiliza Photoshop para componer y descomponer la imagen. Esta interesante dialéctica entre lo digital y lo analógico articula buena parte de la poética de esta exposición, donde la textura convive con el píxel, y donde lo pictórico se alía con la transferencia y con lo impreso. La mirada del espectador se expone a un complejo inventario signos visuales, que despliegan diferentes articulaciones de lo temporal. Más allá de la bulimia de la imagen, del registro rápido y del me gusta, existen otros modos de articular el tiempo y la memoria. La pintura de Sebastiá propone
que nos deleitemos en su complejidad, y que activemos una experiencia visual que recupere la soberanía del ojo. Como señala Manuel Cruz, “si algo se trata de reivindicar no es tanto mayores dosis de memoria (que tal vez constituyeran ya auténticas sobredosis), como algo más preciso y, sin duda, mucho más necesario: la autonomía de la memoria”. Frente a la excitación y el estímulo inmediato, Sebastiá plantea unas imágenes donde demorarnos en el goce de la mirada, activar distintos modos percepción y dejar que los recuerdos simplemente sucedan.

Carlos Delgado Mayordomo
Crítico de arte